LA ALQUIMIA MEDIEVAL HACIA LA PIEDRA FILOSOFAL
- Alquimia -
LA ALQUIMIA INDIA
En cuanto nos ponemos a investigar los comienzos de la
alquimia india nos encontramos que existen pocos datos y en
realidad están poco claros. Pero esto nos deja siempre una duda,
y es que al estar poco claros no quiere decir que no existiera una
larga tradición, también se puede interpretar como una tradición
largamente cuidada y tratada con sigilo a través de las
generaciones.
En el famoso tratado de estado, llamado "Arthasastra de
Kautyla" del Siglo IV a. C. nos encontramos que ya se describen
con precisión y de forma muy extensa los trucos de los
falsificadores de oro.
Existe una afirmación de que la alquimia llegó a la India a
raíz de los contactos que se establecieron con la cultura árabe
después de las expediciones de conquista a partir del siglo VIII,
pero estas a decir de los estudiosos no tienen base alguna. Y
estos mismos afirman que mas bien hay que pensar en
influencias chinas.
El viajero árabe Al-Biruni (Siglo XI) menciona como
alquimistas indios mas importantes a Vyadi y a Nagarjuna. De
modo parecido a la alquimia china, la meta de la alquimia india es
la fabricación de drogas que proporcionen la "Vida Eterna" y de
"Remedios Milagrosos" contra las enfermedades.
Entre los materiales utilizados por los alquimistas, el
mercurio (en sánscrito, "Rasa") ocupa un lugar muy especial. Se
le denomina "príncipe de los jugos", y según los alquimistas
indios su ingesta limpiaba y purificaba el cuerpo.
La base de la alquimia india es la teoría o sistema de los
elementos: aire, fuego, agua y tierra, a los cuales se les añade
como quinto elemento el éter. Estos elementos estaban
disponibles -según ellos- desde un buen principio o se habían
formado progresivamente a partir de lo que ellos denominaban el
"protoespiritu" o "Atman" o de la "protomateria" o "prakriti".
El proceso de creación se plantea como la formación de los
elementos materiales a partir de elementos incorpóreos. Todas
las materias existentes, resultado de las mezclas de estos
elementos, se clasifican según el elemento dominante. Así los
minerales, sales, etc. son sustancias de agua, el humo sustancia
de fuego y los gases sustancias de aire. El éter es el considerado
como el vacío de un cuerpo en el que se mueven las partes o
partículas mas pequeñas de los elementos.
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La alquimia judía
LA ALQUIMIA JUDIA
En Alejandría, como debes saber amable visitante, uno de
los centros mas importantes de la alquimia griega, había muchos
judíos que trabajaban como orfebres y plateros. Zosimo cuenta
que muchos de ellos se dedicaban a la magia y la demonología.
Una alquimista judía muy conocida fue la denominada "Maria
la Juadia" de la que hablaremos en particular en otro articulo. La
cual según parece vivió en el siglo I d.C. y que aparece citada
muy a menudo en la literatura y textos alquímicos. Se le
atribuyen entre otras cosas descubrimientos importantes, tales
como por ejemplo un horno, con cuya ayuda se podía hacer pasar
cuerpos sólidos al estado liquido y separar las partes volátiles de
las que no lo son.
Entre la Alquimia y la Mística Judía, es decir la Cábala o
Kábala, términos casi sinónimos desde el siglo XVII, no existe
realmente ningún tipo de relación debido a su procedencia e
intereses diferentes.
La alquimia aplicada se dedica a la transmutación de
metales innobles en oro, que representa la alquimia especulativa
y el símbolo de la transmutación interna y la ultima perfección.
En la Kábala el símbolo del estado de perfección es la plata.
responde del lado derecho, de lo masculino, de la gracia y del
amor, mientras que el oro simboliza el lado izquierdo, lo
femenino, el rigor y el sano juicio. Por esta razón, resulta
comprensible que en círculos cabalísticos, nunca se practicara la
alquimia.
Tampoco se encuentran en los libros y manuscritos hebreos,
instrucciones y practicas relacionadas con la famosa y arcana
"Obra Magna" o "Opus Magnum". Aunque si se encuentran
esporádicamente símbolos y motivos alquímicos en los textos
cabalísticos, cuya interpretación correcta, demuestra la
incompatibilidad mas absoluta entre la Kábala y la Alquimia.
Concretamente en el conocido libro del Zohar o Sohar, se
encuentra este texto: "...El oro supremo es el que brilla y reluce
en los ojos... y quien se une a el, cuando viene al mundo inferior,
lo esconde dentro de si, y por eso, también es el oro escondido;
el oro de la tierra, es el oro inferior, y es mas fácil de percibir..."
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LA ALQUIMIA MEDIEVAL HACIA LA PIEDRA
FILOSOFAL
En el transcurrir del tiempo, el interés de la alquimia se vio
incrementado durante las Cruzadas, cuando Occidente a través
de ellas y los contactos con Oriente, se familiarizó con un gran
numero de materias oloríferas procedentes del Lejano Oriente,
para cuya elaboración eran necesarios conocimientos alquímicos.
De esta manera podríamos decir que llegamos a lo que los
estudiosos consideran la Alquimia Medieval, que tuvo un gran
desarrollo y un gran auge. Así podríamos distinguir en la Alquimia
Medieval tres "Tempos" o tres fases.
El Primer Periodo (1200 -1300) se basó en un tiempo en que
la alquimia era una capacidad manual que demostraba su utilidad
a través de la coloración de metales, haciendo creer que se
trataba de transmutaciones.
La parte teórica de la transmutación de metales se trataba
de manera extensa en un libro singular denominado "Mineralogía"
erróneamente atribuido a Alberto Magno. En este libro casi
mágico en aquellos tiempos, podríamos llamarlo grimorio, se
trataba de manera exhaustiva, toda clase de procedimientos que
maravillaban a la gente instruida, y en ningún momento estos
conocimientos llegaron claro esta al gran vulgo, ignorante e
inculto, que bastante tenia con conseguir su mísero sustento.
El Segundo Periodo (1300 - 1600) se caracterizó por un gran
auge de personas cultas que se interesaron por la Alquimia y sus
enormes perspectivas. Así Valentinus en Alemania y Norton en
Inglaterra se destacaron en la tarea, tanto teórica como
prácticamente.
El trabajo se basaba y centraba en la fabricación de "La
Piedra Filosofal" o "Lapis Philosophorum" con cuya ayuda se
esperaba poder fabricar el maravilloso y singular oro. Materia tan
deseada por los Príncipes.
También la búsqueda de una medicina universal que no solo
curara enfermedades, sino que también diera "Vida Eterna", puso
a la Alquimia en estrecho contacto con la Medicina. El
representante mas importante de ese grupo de hombres excelsos
y elegidos fue Paracelso, del que ya os hablare en otro articulo,
ya que su figura merece ser singularizada.
Significativa para la fase final de este periodo es la
sobrecarga que vive la Alquimia por la incorporación del
Simbolismo Cristiano. Ya que a partir de entonces se entra en un
periodo en que la totalidad de la doctrina cristiana se interpretara
en función de la Alquimia o se utilizara como símbolo para los
procesos y manifestaciones alquimias. Incluso se llegó a
identificar la Piedra Filosofal con Jesucristo, el cual salvó y cambió
al mundo con su muerte.
El Tercer Periodo (Siglo XVII y posteriores) se basó en la
famosa revolución científica de este siglo, merced a la cual se
separó de manera definitiva la alquimia aplicada y la teóricoespeculativa.
Este siglo tiene una especial significación con la
aparición de los Rosacruces, los que en sus cerrados y herméticos
círculos, continuaron con el estudio y desarrollo de la forma
esotérica de la Alquimia.
El "Corpus Hermeticum" traducido al Latín por Ficino (1433-
1499) influyó muchísimo en la alquimia en sus comienzos. En
realidad contenía modelos para superar la filosofía natural
cristiano-escolástica, y de forma progresiva, el racionalismo y el
experimentalismo se desembarazaron de los elementos ocultos
contenidos en estos modelos conceptuales.
A mediados del siglo XIX, la Alquimia tuvo una corta época
de esplendor en la medicina cuando médicos famosos y doctos
como Rademacher y Latz, buscaron un medio de curación
universal, apoyándose en la famosa tradición paracelsica.
"Die Alchemie" (La Alquimia) de 1869 de Latz es una de las
ultimas obras de la alquimia especulativa y contiene una
interpretación abismal de la famosa y hermética "Tabula
Smaradigna".
Aquí llegamos ya a uno de los últimos activistas alquímicos
como el francés Champagne también conocido con el misterioso
nombre de Fulcanelli (otro hombre del que hablaremos en
particular) que dio mucho que hablar y aun esta dando a raíz de
sus intrigantes y curiosísimas obras en especial a la construcción
y génesis de las catedrales.
En Alemania Franz Tausend llegó a afirmar en los años 20
que podía fabricar oro. Y escribió un famoso libro alquímico: "180
Elemente,deren Atomgewicht und eingliederung in das
harmonischperiodische System" (180 elementos, su peso atómico
y su clasificación en el Sistema Armónico-Periódico) publicado en
1922. Incluso consiguió fabricar 1 gramo de oro en la Casa de la
Moneda Bavara, bajo control y vigilancia rigurosos. A raíz de ello
se le condenó por fraude y según parece fue asesinado después
de su excarcelación, debido a sus contactos con dirigentes
nacionalsocialistas. Pero...¿fue verdaderamente asesinado o se le
hizo continuar sus estudios por parte de Hitler y sus secuaces....?
-t
LA ALQUIMIA Y EL MISTERIOSO POTE DE ORO DEL MANA
En todo lo que llevamos escrito de la alquimia y de su
desarrollo a través de los tiempos, hemos abarcado casi de
manera total todo lo sustancial y material. Es decir, hemos
hablado de la alquimia como una ciencia hermética que nos
puede permitir en el progreso de su desarrollo en llegar a
conseguir oro y metales preciosos. Pero existen estudiosos que
nos hablan de otra alquimia. La alquimia del espíritu y su
desarrollo alquímico.
Los Rosacruces mantienen en diversas formas, diversos
principios que van mas allá de lo puramente material, son
cuestiones meramente especulativas y teóricas pero que nos
pueden hacer pensar un poco. Veamos una teoría como
ejemplo de ello.
El Mana es el Espíritu humano que descendió del Padre
para peregrinar por la materia, y el misterioso pote de oro en
donde se dice que se conservaba dentro del Arca de la Alianza
simbolizaba el Aura Dorada del cuerpo del alma. Vete aquí que
ahora se entronca también la alquimia en lo espiritual, y si nos
atenemos a la lógica, también debe ser admisible. Ya que si se
habla de la transformación de la materia, ¿por que regla de
tres no se puede hablar de la transformación del espíritu?
Si bien el relato hecho en la Biblia no concuerda
exactamente con los hechos, si contiene los hechos principales
del maná místico que caía del cielo. Y es que si deseamos
conocer cual era la naturaleza de esta sustancia llamada pan,
debemos recurrir al Capitulo VI del Evangelio de Juan, donde
se describe que Cristo alimentó a la multitud con panes y peces
que multiplicó milagrosamente, lo que simboliza la doctrina
mística que sirvió para los dos mil años siguientes, cuya época
él inauguró, ya que durante ese espacio de tiempo, el sol por
precesión equinoccial, pasaba por el signo de Piscis, por lo que
se dispuso que los cristianos se abstuviesen de comer carne, al
menos un día a la semana (el viernes).
Asimismo, se les puso el agua a la entrada de los templos
y las obleas virginales en el Ara de la Comunión. Cristo también
explicó entonces en lenguaje místico pero inequívoco lo que era
el "pan de vida" o "Mana" es decir el Ego. Y así en los
versículos 33 y 35 de dicho Evangelio se puede leer: "...Pues el
Pan de Dios es aquel que descendió del cielo y dio luz al
mundo..." y también aquella hermosa frase: "...Yo soy el Pan
de Vida...".
Por consiguiente, este es el símbolo del Pote de Oro del
Mana que había en la Misteriosa Arca. Ese mana es por tanto,
el "Ego" o el "Espíritu Humano" que da vitalidad a los
organismos físicos. Y esta escondido dentro del Arca de cada
ser humano, y el pote de oro se halla latente en cada uno de
nosotros, en aras de nuestra propia perfección.
Como veis, la alquimia también puede ser tomada como el
desarrollo y el perfeccionamiento personal y espiritual de cada
uno de nosotros, y cada vez que cualquiera de los mortales que
se adentra en ella de cualquiera de las maneras, tanto material
como espiritualmente, y es lo suficientemente sabio para
comprender, se da cuenta de cuanto mas se sabe, mas falta
por saber y se llega a la percepción de "que nada sabemos"....
LA ALQUIMIA Y LOS ROSACRUCES
En la transmutación de los metales, objetivo primordial de
todo alquimista y en general de los Ocultistas, sean antiguos o
mas modernos, sean iluminados, masones o pertenecientes a las
diferentes hermandades Rosacruces, el objetivo primordial es el
"perfeccionamiento".
Y así a través de los libros ocultistas o grimorios, junto al
hallazgo de la Piedra Filosofal, la transmutación de los metales, y
muy particularmente la conversión de un metal en oro o plata, es
lo que mas distingue a los objetivos de todas las sociedades mas
o menos secretas, o al menos a algunos de sus individuos por
separado.
De esta manera los principios de la alquimia entre los
Rosacruces hacen relación en primer lugar a la naturaleza de los
metales. Los metales según estos principios, no son en si mismos
sino fósforo ligado a una tierra compactada, análoga al talco, que
como sabéis es el mas blando de los minerales.
Cuanto mas fósforo contenga un metal, tanto mas noble
será. El oro, la plata y el platino contienen un máximo de fósforo
y su tierra es la que encierra un máximo de fuerza compactante.
La diversidad de metales depende por esto, de la diversidad de la
cantidad de fósforo que contenga cada uno y la forma y el color
se deben asimismo a esta condensación. Por esto, el fósforo
puede ser simplemente el único disolvente de los metales por ser
la parte aligada a los mismos, y por su mediación todos los
metales pueden ser disociados y otra vez reconstituidos.
Todos los metales poseen los mismos elementos
fundamentales, sin que se diferencien mas que por la proporción
de estos. Y las sustancias pueden transformarse por medio del
cambio de las proporciones de sus elementos constitutivos.
Aunque para esa transformación se precisa una disolución radical.
Por tanto, existe una progresión ascendente y descendente
de las formas para el ennoblecimiento o el envilecimiento de un
metal. De esta manera fabricar vidrio y oro tiene una misma
analogía. El vidrio esta formado por arena y álcali, el álcali
cumple la función de extender la arena y esta extendida encierra
el álcali. De esto resulta lo que se denomina vidrio. Y el fósforo se
extiende a la tierra compactante, esta encierra al fósforo y de ello
resulta un producto o sustancia nueva que es el metal. Cuando el
vidrio esta recubierto de álcali, se deja descomponer en sus
distintas partes. Y cuando el metal esta recubierto de fósforo se
descompone igualmente.
Llega un momento - y estoy compactando la información,
para no hacerme tedioso- que se produce lo que se denomina
"Disolución Radical" que consiste en la penetración perfecta, o
sea la interpenetración, es decir que tanto la sustancia
constitutiva como el agente de la solución penetren bien al objeto
a disolver. Si esta penetración no es perfecta no hay Disolución
Radical.
Y se llega a la disolución del oro. Tenemos que el oro
consiste en tres partes, dos de las cuales son extemporaneas
pero la tercera es esencial. Las superficiales son las partes
aligantes del metal: la tierra metálica y el liquido fosforico. Y el
factor aligado es el azufre-fósforo. Y por eso todos los metales se
disuelven radicalmente tan pronto se mezclan con el azufrefósforo,
así el azufre que hay en el metal se une a las partes
aligadas de la mezcla y encuentra las partes aligantes o la base
metálica, es decir la tierra virgen.
Todas estas explicaciones, según como se nos pueden hacer
enormemente tediosas y mareantes pero están aquí. Y ahora
seguimos con el fruto de la acción antes explicada. Toda la
transmutación de los Antiguos consistía en que la tierra pura, el
alma, lo interno, atrajera al fósforo, bañándose en ese metal
puro, uniéndose a lo puro y rechazando lo impuro.
Y es que dentro de las cosas hay y existe una sustancia
pura, ígnea, sulfúrica e incombustible que, siendo fija se llama
"La Luz de la Naturaleza" o "Luz de Fuego" que es bastante
irregular en su comportamiento. En realidad, es una sal interna
que posee una fuerza que "cambia" las formas, coloreándolas y
penetrándolas. Esta fuerza penetra a todos los metales, los forma
radicalmente, se une a los mismos indisolublemente y bajo las
especies de una "Piedra" que tiñe los transforma en otro metal, y
así incluso los mismísimos diamantes son fundidos como el agua
por esta "Sal". Esta sal es el que se le denomina "El verdadero
Bálsamo de Azufre".
Por esto amable visitante, la sal a través de las generaciones
pasadas, en todos los pueblos de la tierra, en todas las religiones,
se considera sagrada. No olvides que nuestra paga o
emolumentos por nuestro trabajo se denomina "Salario" que era
como en la antigüedad en ocasiones se pagaba a los
trabajadores, por sus inmensas aplicaciones....
LA ALQUIMIA Y SU HERMETICO DESARROLLO
En el concepto de gnosis se parte de la hipótesis de que el
hombre posee un núcleo divino, mancillado por el envoltorio
material, es decir la materia, y que aspira a la salvación. El
hombre es a la vez un dios que puede salvarse a si mismo. El
principal deseo de la Alquimia Medieval, la transformación del
hombre y su ennoblecimiento tienen origen gnóstico.
Así los numerosos hallazgos de textos originales gnósticos
que no fueron redactados por autores cristianos, por ejemplo los
famosos "Nag Hammadi", son un claro indicio de que la alquimia
era un tipo de curación gnóstica, cuya tradición prosiguió de
manera ininterrumpida hasta la época moderna.
Junto con la gnosis, el hermetismo también dejó huella en la
alquimia. Esta corriente se basa en misteriosos escritos los
"Corpus Hermeticum" posiblemente inspirados en Hermes
Trimegisto, el considerado "Tres Veces Grande". Contienen
conocimientos ocultos sobre astrología, magia, mística, etc.
Estos escritos, algunos de los cuales se remontan al Siglo I
a.C. son los responsables del estrecho vinculo entre la alquimia y
la astrología, la magia y el simbolismo secreto. Y es que ante
todo, se le atribuye al hermetismo, la "Tabula Smaragdina", en la
que se resume en forma de tesis la totalidad de conocimientos
sobre la Alquimia. En realidad estos textos están considerados,
como los textos básicos de la alquimia esotérica.
La edición que se conoce actualmente se basa en una
muestra árabe del siglo XII, la cual se entronca y se basa a la vez
en fuentes greco-alejandrinas de los primeros siglos después de
Jesucristo. El máximo representante de esta alquimia, Zosimos
de Panopolis (aproximadamente siglos III o IV d.C.) describe la
idea interior del ennoblecimiento de la alquimia como una visión
en la que el cuerpo, liberado de la carne se convierte en espíritu y
se asocia gradualmente con el alma de Dios.
Y así los alquimistas griegos posteriores, se dedicaron
principalmente a dar realce teórico a estos principios alquímicos.
La Alquimia aun muy estéril en su parte practica, obtuvo nuevos
impulsos después de la conquista de Egipto por los Árabes (Siglo
VIII).
Los árabes se interesaron especialmente por la parte útil de
la Alquimia, mejorando las técnicas de laboratorio, como por
ejemplo el proceso de destilación, inventando entonces el
alambique, que como sabéis era un medio de destilación
precursor de la famosa retorta.
Esta nueva técnica pudo utilizarse para la fabricación de
aceites esenciales. Los conocimientos teóricos de los árabes sobre
alquimia, se han transmitido en un compendio de obras que se
remonta a "Jabir Ibn Hayyan " que en latín traduciéndose vendría
a decir "Dador o Transmisor".
Este hombre vivió en el siglo VIII y se le considera miembro
de una secta mística islámica. Posteriormente la Alquimia se
extendió a Europa a través de España.
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LA LABOR Y EL TRABAJO DEL ALQUIMISTA
La Alquimia y el trabajo del alquimista, en ningún momento
de la historia ha sido una labor o practica compartida. tampoco el
alquimista ha sido un personaje laborioso en su saber proclive a
colaborar con otros en sus investigaciones. En realidad la razón
se encuentra en la misma naturaleza del "Arte Alquímico" en si.
Ya que el Arte Alquímico no supone en modo alguno alcanzar
un resultado concreto, -como por ejemplo la modificación de la
materia con la que se trabaja-, sino el arribar y llegar a la propia
transmutación de la identidad personal del que trabaja, al tiempo
que se modifican y transforman las propiedades físicas de la
naturaleza sobre la cual se actúa.
Este arcano y hermético proceso, obliga al actuante en el
trabajo en solitario, a la búsqueda individual y no compartida. Y
de esta manera, posteriormente, cuando un alquimista en
concreto llega a resultados y se decide a hacer públicos los
resultados de su trabajo y esfuerzo, es cuando llega a ponerse en
contacto activo con los demás.
Pero la publicación de sus resultados y de sus logros, no
lleva la filosofía implícita de ponerles en bandeja el propio
proceso seguido, sino para proporcionar "Las Claves" mediante
las cuales, si se saben interpretar, los demás a su vez obtendrán
los resultados que les permitirán alcanzar su propia sublimación.
Por eso, en todas las épocas de la historia el relato alquímico
es siempre críptico. Todo ello se debe a que el maestro, al
describir su particular proceso, no se lanza abiertamente a
explicar sus verdaderos contenidos sino simple y llanamente a
sugerirlos, al libre albedrío de los demás. Y de la misma forma
nunca indicará científicamente los medios empleados, sino el
significado profundo y simbólico que para el han tenido tales
medios, en relación con el efecto que esperaba obtener de ellos.
En esto podríamos decir como ejemplo practico, su conducta se
asemeja al comportamiento de un maestro cocinero de gran
reputación que relata a quien le quiere oír, la confección de un
exquisito manjar, explicando los ingredientes básicos del mismo,
pero nunca sus "trucos personales" para el acabamiento final del
plato en cuestión.
Como resolución a lo dicho, tenemos que cuando el
alquimista ha logrado sus objetivos y su preciada meta, y se
decide a explicar sus experiencias, lo hace profundamente
convencido de que no debe dar a la luz su trabajo, volviéndolo
accesible a cualquier profano o curioso, sino solo para que
únicamente el adepto o el iniciado en el autentico significado del
proceso, sea capaz de entenderlo y de interpretar mediante sus
propios conocimientos, el significado de los términos expuestos y
de crear su propio trabajo alquímico a partir de las sugerencias,
que en teoría podrían aclararle el trabajo, pero nunca
resolvérselo.
De ahí el motivo por el que el alquimista trabaja en solitario,
y por eso de manera general su laboratorio es desconocido por
los demás y trabaja en su propia soledad, aunque proporcione
elementos comunes de soluciones a interpretar por los
verdaderamente iniciados.
- Alquimia -
La tradición egipcia a través de los alquimistas
El conocimiento hermético del que eran depositarios los
egipcios fue recogido por los hebreos; numerosos pasajes de la
Biblia, sobre todo el Pentateuco de Moisés, nos permiten
adivinarlo (1). Por otra parte, también los griegos se nutrieron de
la sabiduría egipcia, adecuándola a su civilización y a sus
divinidades y sirviendo de transmisores de sus misterios (2).
Más tarde, bebiendo indistintamente en las fuentes griegas y
en las egipcias, los sabios doctores del Islam volvieron a
actualizar y transmitieron de nuevo el conocimiento hermético.
Fue, finalmente, a través de estos tres, hebreos, griegos y
árabes, como llegó a tierras europeas, donde volvemos a
encontrarlo entre los alquimistas medievales, más o menos
intacto, hasta finales del siglo XVIII.
No es tampoco desdeñable, aunque no hablaremos ahora de
ello, el papel ejercido por algunos padres de la Iglesia en esta
misteriosa transmisión. Durante la Edad Media aparecerán una
serie de alquimistas cristianos que compararán la Gran Obra con
la vida de Cristo (3). Con todo, los elementos más importantes de
la filosofía hermética proceden en su mayoría, como veremos, de
los griegos y de los egipcios.
Varias leyendas egipcias y griegas nos refieren que toda una
serie de usos, enseñanzas y costumbres fueron transmitidos al
pueblo egipcio por Thot, dios que recibiría entre los griegos los
nombres de Hermes y de Mercurio (4). Dicho de otro modo, lo
que exotéricamente se entiende por tradición, nos narra la
leyenda que fue transmitido al pueblo egipcio por Thot-Hermes.
Alkandi (5) se refiere a él en estos términos «En tiempos de
Abraham vivía en Egipto Hermes o Idris segundo (6), que la paz
sea con él, y fue apodado Trismegisto, porque era poeta, rey y
filósofo.
Enseñó el Arte de los metales, la Alquimia, al Astrología, la
Magia, la Ciencia de los espíritus... », con ello vemos que Thot o
Hermes fue también el transmisor del esoterismo. Dom Pernety
afirma que se consideraba a Mercurio como el inventor de las
artes y de los caracteres jeroglíficos, porque Hermes los inventó a
propósito del mercurio filosófico, uno de los arcanos de la
Alquimia.
La helenización de Thot, Hermes Trismegisto, fue el Mercurio
de los romanos; éste estaba considerado como el padre de la
Alquimia, que ha tomado de él el nombre de «filosofía
hermética». Todos los alquimistas medievales estaban de acuerdo
en ello y se llamaban a sí mismos «filósofos herméticos», para
diferenciarse de los filósofos «profanos».
Entre los escritos de los filósofos herméticos, aquellos en los
que se hace alguna alusión directa a la mitología egipcia son muy
numerosos; resultaría poco menos que imposible citarlos a todos.
Muchos de ellos no han sido traducidos nunca ni del latín ni del
griego originales, y bastantes se conservan únicamente en forma
de manuscrito.
Entre los autores a los que hemos recurrido en el presente
trabajo, señalaremos cuatro, que nos parecen los más
representativos: MICHAEL MAIER, médico y alquimista alemán
del s. XVII, prolífico escritor: DOM ANTOINE PERNETY,
benedictino de la congregación de St. Maure, autor de un
Diccionario Mito-Hermético (s. XVIII) de obligada referencia;
SAINT BAQUE de BUFOR, filósofo desconocido, del s. XVIII,
probablemente relacionado con Pernety o con el círculo hermético
que éste presidía (7), y un filósofo anónimo que se ocultaba bajo
el anagrama de FILOVITA o URANICUS, autor de una Instrucción
introductoria a una de las obras de Esprit Gobineau de
Montluisant.
Algún lector se extrañará al ver relacionado algo como la
alquimia europea con la antigua mitología egipcia; las pocas ideas
que normalmente tenemos sobre ésta, proceden de nuestra
educación escolar donde más que comprender lo que hacíamos
era aprender. Como ocurría con la interminable lista de reyes
godos, memorizábamos nombres de dioses, de diosas y de
personajes mitológicos, pero no nos enterábamos ni de su
simbolismo ni de su sentido profundo; dicho de otro modo: no
sabíamos a qué se referían y, lo que sin duda es peor, no
sabíamos que en el fondo eran símbolos y no mitos ni personajes
reales de carne y hueso.
Para los verdaderos alquimistas no existía este problema,
todo lo que los dioses y las fábulas egipcias representaban ya era
conocido por ellos, y no les era difícil reconocer los principios y
operaciones de su arte en las leyendas que nos han transmitido
Plutarco, Diodoro de Sicilia o Porfirio.
Comentando el texto que aparecía en una columna egipcia,
transcrito por el Abbé Bannier en su Mitología, Dom Pernety
afirmaba (8) que «si se comparaban estas expresiones con las de
los Filósofos Herméticos, se las encontrará tan conformes que se
estará, por así decirlo obligado a convenir que el Autor de estas
Inscripciones contemplaba el mismo objeto que los Filósofos», y
más adelante: «los Sacerdotes instruidos por Hermes tenían otro
objetivo que el de la historia (9), con la que no podrán conciliarse
las diferentes cualidades de madre e hijo, de esposo y esposa, de
hermano y hermana, de padre e hija que se encuentran en las
distintas historias de Isis y Osiris, pero que convienen muy bien a
la Obra Hermética, cuando se toma su única materia bajo todos
los puntos de vista» (10). «Basta con un solo libro de los
Filósofos Herméticos – nos dice el mismo autor (11)- para ver
que han utilizado el mismo método que los Egipcios para hablar
de la Piedra Filosofal: han utilizado los mismo jeroglíficos y las
mismas fábulas».
Así pues, vemos que los filósofos herméticos y los egipcios
no sólo hablaban de los mismo, sino que empleaban un mismo
lenguaje. Para el profano resultan tan jeroglíficos los textos de los
papiros como la mayoría de los tratados de los alquimistas, y en
ello reside la dificultad de traducción de los unos, de la que se
quejan los egiptólogos y de comprensión de los otros aunque,
prácticamente, han escrito en nuestra lengua (12).
El personaje central de la mitología egipcia es Osiris, y lo
que éste simboliza parece ser también el tema central en los
libros de muchos alquimistas. En el «Discurso XXIV» de su
Atalanta Fugiens (13), Michael Maier declara: « La alegoría de
Osiris ha sido llevada por nosotros a su verdadero origen, que es
químico, y explicaba de manera completa en otro lugar...(Osiris)
es el sol, pero el sol filosófico, y este nombre, que le encontramos
atribuido aquí y allá en los libros, ha sido interpretado como el sol
exterior por el vulgo que no conoce otra luz que la luz de este
mundo.
El sol de los filósofos recibe su nombre del sol del mundo
porque contiene todas las propiedades naturales que descienden
de este sol celeste o que le convienen». Contrariamente a lo que
pudiera parecer, los egipcios no adoraban en realidad a una
pluralidad de divinidades, sino a un solo Dios en todas las cosas,
como nos lo demuestran por una parte Plutarco (14) y por otra
Dom Pernety (15): «Léanse con atención los himnos de Orfeo,
particularmente el de Saturno, donde se dice que este dios está
extendido por todas las partes que componen el Universo y que
no ha sido engendrado; que se reflexione en Asklepios de
Hermes, en las palabras de Parménides el Pitagórico, en las obras
del mismo Pitágoras; en todas las partes se hallarán expresiones
que manifiestan su sentimiento sobre la unidad de un Dios,
principio de todo, él mismo sin principio, y que todos los dioses
mencionados no son sino diferentes denominaciones, ya sean
atributos, ya sean operaciones de la Naturaleza.
Sólo Jámblico es capaz de convencernos con lo que dice a
propósito de los misterios de los egipcios (16)... Hermes y los
otros sabios sólo presentaron a los pueblos las figuras de las
cosas como dioses, para manifestarles un solo y único Dios en
todas las cosas: ya que aquel que ve la Sabiduría, la Providencia
y el Amor de Dios manifestados en este mundo, ve a Dios mismo:
ya que todas las criaturas no son más que espejos que reflejan
sobre nosotros los rayos de la sabiduría divina». Volviendo al
sentido alquímico de las fábulas egipcias, señalemos que, según
los alquimistas, dos dificultades principales se presentan a aquel
que quiere realizar la Obra.
La primera es la determinación de qué materia ha de
utilizarse y la segunda de cómo manipularla. Saint Baque de
Bufor nos explica que: «Los Filósofos Herméticos, en los escritos
que nos han dejado, han hablado muy poco de la primera materia
(...) se han extendido mucho, aunque con mucha ambigüedad,
sobre los diversos principios del arte y sobre las formas
progresivas que toma la materia en la segunda operación, pero
han cubierto de un velo impenetrable al primer agente ostensible,
los primeros procesos y todo el desarrollo de la primera
operación... El Antiguo Testamento, la teología egipcia, griega y
la de los druidas, al contrario, casi no hablan de la segunda
operación, pero se extienden tan prolijamente y de un modo tan
variado sobre la primera que, a fuerza de envolverla con
parábolas, enigmas y ficciones, han formado un laberinto en el
cual es casi imposible no extraviarse (17)».
El proceso de la Obra alquímica consta de diversos pasos
que aparecen representados en la iconografía hermética,
sumamente abundante. Uno de los pasos de esta misteriosísima
obra recibía el nombre de «conjunción». Se trata de la unión del
«fijo y del volátil, del hermano y de la hermana, del Sol y de la
Luna» (18).
El lector familiarizado con la leyenda de Isis y Osiris
comprenderá, con Dom Pernety, (19) que: «los egipcios
entendían por Isis y Osiris tanto la substancia volátil y la
substancia fija de la materia de la obra, como el color blanco y el
rojo que toma en sus operaciones». En cuanto a Isis se refiere,
citemos la opinión del Filósofo anónimo que citábamos al principio
de este artículo (20): «La diosa Isis era el húmedo radical
universal, influido por la Luna al que miraban como la madre
original de toda generación y conservación. Las estatuas de Isis
tenían todos los símbolos de la Luna, incluso los del cielo astral y
de la región celeste, a la que se consideraba hacía tanto bien.
Estaba vestida de negro para señalar la vía de la corrupción y de
la muerte, comienzo de toda generación natural... La ropa negra
que se daba a Isis muestra también que la Luna, o la Naturaleza,
o también el Mercurio Filosófico que es su diminutivo y su
substancia operativa en todas las generaciones, no tiene luz por
sí mismo, al ser un cuerpo opaco, pero que este cuerpo esencial
la ha recibido de otro, esto es, del Sol y de su propio espíritu
vivificante que está infuso en él y que es su agente.
Llevaba una ropa negra, blanca, amarilla y roja para
significar los cuatro colores principales o grados hacia la
perfección de la generación o de la obra secreta de los Sabios, de
la que también es el sujeto, el objeto y la imagen. A menudo Isis
estaba acompañada por una vaca negra y blanca, para dar a
entender el trabajo asiduo con el que debe ser observado el culto
filosófico, y que debe ser seguido en la operación del negro y del
blanco perfecto que es engendrado por la Medicina Universal
Lunar Hermética... Según Apuleyo, Isis hablaba así en su fiesta:
Mi religión comenzará mañana para durar eternamente.
O sea que la Ciencia religiosa de la Naturaleza y la Obra de
su simiente primera, origen de toda producción y de las
maravillas del mundo, tiene tanta duración como el Universo y se
observa y practica cada día». Y nuestro autor añade que:
«Cuando las Tempestades del Invierno sean apaciguadas, que el
mar conmovido, alterado y tempestuoso sea calmado, apaciguado
y hecho navegable, mis sacerdotes me ofrecerán una barquilla,
como demostración de mi paso por el mar de Egipto, bajo la guía
de Mercurio, mandado por Júpiter.
Esta es la clave del gran Secreto filosófico para la extracción
de la materia de los Sabios y del huevo en el que deben
encerrarla y operar en el atanor de torre, comenzando por el
régimen de la Saturnia Egipcia, que es la corrupción del buen
augurio, para la generación del Hijo real filosófico, que de allí
debe nacer al final de los siglos, o de las circulaciones
requeridas». El texto de Apuleyo que Filovita o Uranicus citaba y
comentaba gozó también de gran estima entre los otros filósofos.
Nos abstendremos de citarlo en su totalidad ya que el lector
podrá consultarlo en el artículo sobre Plutarco que firma Carlos
del Tilo. Dom Pernety, por su parte, nos lo explica de este modo
(21): «Isis pasaba por ser la Luna, la Tierra y la Naturaleza.
Su corona, formada por un globo brillante como la Luna, la
anuncia a todo el mundo... Las dos espigas que salen indican que
la materia del Arte Hermético es la misma que la que emplea la
Naturaleza para hacerlo vegetar todo en el Universo. Los colores
que esta materia va tomando durante las operaciones, ¿no son
exactamente nombrados en la enumeración de los vestidos de
Isis?». Y más adelante (22): «Parece que Apuleyo haya querido
decirnos que todos estos colores nacen los unos de los otros; que
el blanco está contenido en el negro, el amarillo en el blanco y el
rojo en el amarillo; por ello el negro cubre a todos los demás».
Para Saint Baque de Bufor (23): «No hay ningún pasaje de
los tratados que los Filósofos herméticos han escrito que sea tan
claro, tan verdadero y tan instructivo para el comienzo de la obra
hermética como aquel que Apuleyo ha referido a propósito de la
fiesta de Isis. Isis era, en efecto, la madre de todas las cosas,
porque unida a Osiris componen juntos el fluido luminoso que da
la vida a todos los seres; era la dueña de los elementos, porque
unida a Osiris, constituían los elementos simples que elementan a
los cuatro elementos». He aquí lo que Pernety explicaba a
propósito de la historia mítica de Isis y de Osiris (24): «Esta
misteriosa historia, o mejor dicho, esta ficción, se convirtió en lo
sucesivo en el fundamento de la Teología Egipcia... Osiris era
para los ignorantes el Sol o el Astro del día e Isis la Luna; los
Sacerdotes veían en ellos a los dos principios de la Naturaleza y
del Arte Hermético... Algunos, como Plutarco, pretendían que
Osiris significaba muy santo, otros, como Diodoro, Horus-Apolo;
Eusebio y Macrobio decían que quería decir que tiene muchos
ojos, aquel que ve claro... Pero los Filósofos veían en el nombre
de este Dios al Sol terrestre, el fuego escondido de la Naturaleza
(25), el principio ígneo, fijo y radical que lo anima todo...Para los
Sacerdotes, Isis era la Naturaleza misma, el principio material y
pasivo de todo... Herodoto nos enseña que los Egipcios la
tomaban también por Ceres, creyendo que Apolo y Diana eran
sus hijos.
Hemos dicho que Osiris era el principio ígneo, suave y
generador que la Naturaleza emplea en la formación de los
mixtos, y que Isis era el húmedo radical; por los tanto no hay que
confundir al uno con el otro, porque difieren entre sí como el
humo y la llama, la luz y el aire, el azufre y el mercurio. El humor
radical es en los mixtos el asiento y el alimento del cálido ígneo o
del fuego natural y celeste..». Para los filósofos herméticos (26):
«Las dos obras que son el objeto de este Arte están
comprendidas, la primera, en la expedición de Osiris, la segunda,
en su muerte y apoteosis.
Por la primera se hace la Piedra, por la segunda se forma el
Elixir. Osiris, en su viaje, recorre Etiopía, luego las Indias, Europa
y regresa a Egipto por el mar Rojo para gozar de la gloria que ha
adquirido, pero halla la muerte. Es como si dijéramos: en la
primera obra, la materia pasa al principio por el color negro,
luego por colores variados, el gris, el blanco y finalmente aparece
el rojo, que es la perfección de la primera obra y la de la piedra o
azufre filosófico... La segunda obra está muy bien representada
en el tipo de muerte de Osiris y los honores que se le rindieron...
Siendo esta segunda operación semejante a la primera, su clave
es la solución de la materia o la división de los miembros de
Osiris en muchas partes. El cofre en el que ha sido encerrado este
Príncipe, es el vaso filosófico, cerrado herméticamente. Tifón y
sus cómplices son los agentes de la disolución... La dispersión de
los miembros del cuerpo de Osiris es la volatilización del oro
Filosófico y la reunión de estos indica la fijación. Se hace gracias
a los cuidados de Isis o la Tierra, que, como un imán, dicen los
filósofos, atrae a sí las partes volatilizadas». (27) En su Atalanta
Fugiens, Michael Maier dedica un emblema a Osiris [...].
Representa el asesinato de este dios por Tifón. Sabemos por
Plutarco, que Tifón era hermano de Osiris y fue su destructor, ya
que Osiris representa a la «Palabra» sagrada cuya restauración
pertinente fue llevada a cabo por Isis. Numerosos autores opinan
que la muerte o el desmembramiento de Osiris en la tradición
egipcia es lo mismo que la caída de Adán en la judeo-cristiana.
El culpable de la caída, según los hebreos, es Samael (de
samo: ‘cegar’) que se relacionará con Tifón (de tufoo: ‘cegar’,
‘oscurecer’). Veamos qué nos enseñaban los alquimistas a
propósito de este hermano de Osiris: «Decían que Tifón y Osiris
eran hermanos y que este último le hacía siempre la guerra al
primero. Osiris era el buen principio o el humor radical, la base
del mixto y su parte pura y homogénea; Tifón era el mal principio
o las partes heterogéneas, accidentales; principio de destrucción
y de muerte, como Osiris lo era de vida y de conservación (28)
Tifón nació de la tierra, pero de la tierra grosera, siendo el
principio de la corrupción. Fue el causante de la muerte de
Osiris... El fuego que saca por la boca indica su aspereza
corrosiva y designa su pretendida fraternidad con Osiris, porque
éste es un fuego escondido, natural y vivificante; el otro es un
fuego tiránico y destructivo... Por eso d’Espagnet le llama el
Tirano de Natura y el fraticida del fuego natural». (29) Para
Saint-Baque de Bufor, Tifón es el flogisto, y su nombre en latín
Typhon es el anagrama de Python, la serpiente que nació del
barro, idea que nos vuelve a recordar algunas doctrinas judías.
Este autor escribe (30): «Cuando los dos principios que
constituyen la materia pura del arte hermético han sido llevados
por las manipulaciones del artista a este grado de pureza, ya no
son llamados o conocidos por los nombres de Isis y Osiris o
primera materia caótica, sino que en este estado son la materia
de los Sabios designada bajo el nombre de Horus, el que mató a
Tifón. Dicho de otro modo, Isis y Osiris, que son los principios de
toda vida y de los cuales es formado Horus, son desembarazados
de los principios de destrucción y de muerte, Tifón, el flogisto o
los vapores de la tierra que los habían condensado». Isis y Osiris
son pues los dioses principales de los Egipcios, junto con Horus
que reinó en último lugar y que, para los alquimistas, simbolizaba
el «resultado del Arte Sacerdotal».
Por ello se le confundía con Harpócrates, el dios del secreto,
pues Horus, o el Sol de los Sabios, es el gran secreto de la
Filosofía Hermética. Según cierta tradición, Horus: «Era
considerado por ellos (los druidas) como el hijo de Isis y de
Osiris, o sea de la Naturaleza y del fuego solar, al que llamamos
húmedo radical y calor natural, que nos son enviados desde lo
más alto de los Cielos por el Espíritu eterno de vida... Horus
pasaba por ser la luz en calidad de hijo de Osiris, representando
al Sol (31), y llevaba también algunos atributos de Apolo, hijo
también del Sol y dios de la luz según la Fábula; por lo que
estaban representados a sus lados, detrás de él y siguiéndole,
veinticuatro pequeños ancianos que significaban las veinticuatro
horas que antiguamente dividían al día y a la noche en
veinticuatro partes». (32) Llegados al final del presente artículo,
a modo de conclusión y de síntesis, sólo nos queda proponer al
lector las palabras de dos clásicos de la filosofía hermética.
El primero de ellos , con un lenguaje actual, expresa en dos
versículos el misterio de Isis y de Osiris, o el del agua y el fuego:
«Os adoramos, Agua, madre de las aguas, pues el fuego vivo
está en vuestro centro, y sois excelente sobre todas las demás
luces. El sol es vuestra producción magnífica (33). Santa Madre
del fuego, socorrednos ahora y en la hora del paso difícil. ¡Que así
sea!» (34). «¡Oh, fuego que fluye, que disuelve y coagula,
nuestro Señor fecundador!» (35) El segundo apunta, siempre
bajo el discreto velo del símbolo, cuál es el objetivo de la ciencia
hermética, la recompensa del viajero que, abandonando la tierra
de exilio, regresa a la Patria original: «Es este Horus (36) o Apolo
por quien Osiris emprendió un viake tan largo y pasó tantos
trabajos y fatigas. Es el tesoro de los Filósofos, el de los
Sacerdotes, el de los Reyes de Egipto: el niño filosófico nacido de
Isis y Osiris». (37).


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